jueves, 8 de abril de 2021

Actividad 01 Ética, grado noveno. 2P

Para empezar observa este video:



OBJETIVO: Identificar el concepto libertad y determinismo en el que hacer de la vida.

LIBERTAD Y DETERMINISMO.

LIBERTAD externa e interna

La libertad ha sido, y sigue siendo, un concepto problemático para la filosofía, en especial en el marco de la filosofía moral. Interrogantes en torno a sus límites, su origen y sus causas han enriquecido notoriamente el debate sobre la libertad. En todo caso, para tratar de entender qué es la libertad, primero es necesario distinguir entre dos formas de la misma:

Libertad externa:

Podemos entender la libertad externa como el derecho que tiene el hombre para actuar y moverse según su propio juicio y consideración, siempre y cuando no atente contra las leyes del país del que hace parte. Los límites de la libertad externa son impuestos por leyes y el Estado es el único que puede privar a los individuos de este derecho mediante el castigo de la prisión. Por eso, la libertad externa puede ser más o menos amplia, dependiendo de los marcos jurídicos y políticos de cada país.

Libertad interna:

La libertad interna puede entenderse como el derecho que tiene todo hombre de decidir en torno a cuestiones que le afectan como persona. Directamente relacionada con la voluntad, la libertad interna le permite al hombre irse construyendo una esencia, un ser, con su vida, con sus decisiones y con sus actos. Por ejemplo, el hombre cuenta con la capacidad para decidir comer o caminar y nadie puede tomar esas decisiones por él.

La dimensión moral depende, en gran medida, de la libertad interna del hombre. Al no tener la obligación de seguir uno u otro camino, cada ser humano puede trazar su vida mediante unos criterios propios y tiene la capacidad de decidir libremente entre el bien y el mal. Al fin de cuentas, la libertad política se fundamenta en la libertad interna. Aunque hay casos extremos que nos pueden privar de ella, como la hipnosis o la ingestión de estupefacientes, en términos generales la libertad interna no puede ser restringida por el Estado ni por ningún otro individuo.

Como la libertad externa hace parte de los terrenos de la filosofía política, la democracia y la ciudadanía, a continuación nos centraremos en las posiciones filosóficas que existen en torno a la libertad interna.

¿Somos realmente libres?

En principio, como vimos anteriormente, las decisiones que tomamos dan por supuesto que las personas somos libres y que,  por ello, podemos organizar nuestra vida de acuerdo con los criterios que vayamos considerando más adecuados. Sin embargo, ¿es esto verdad? ¿No es cierto que desde que nacemos, estamos sometidos a las normas que la sociedad y el Estado nos imponen, y a lo que mandan nuestros padres y profesores? ¿No es cierto que nacemos ya con unas características físicas y psicológicas que nos determinan? En últimas ¿realmente somos libres?

Es claro que las circunstancias sociales, económicas, políticas y culturales influencian nuestra manera de actuar y que, además, no nos podemos desprender de ellas. Sin embargo, también es evidente que tenemos cierto grado de control sobre nuestros actos. Como respuesta ante esta problemática, la filosofía ha defendido dos actitudes contrarias:

La posición determinista que, convencida de que nada acontece sin causa, afirma que, aunque nosotros tenemos una voluntad propia, no somos realmente libres porque nuestras elecciones están determinadas por algo externo.

La posición que defiende que las acciones humanas solo tienen como causa la voluntad y, por lo tanto, aunque estemos condicionados a obrar en un sentido o en otro, podemos considerarnos libres.

EL DETERMINISMO

Según sus creencias y corrientes de pensamiento, los deterministas abordan el concepto de la libertad de manera diferente.

El determinismo cosmológico: el destino

Heráclito de Éfeso (535 a.C.-484 a.C.) creía que todas las cosas tenían una razón de ser y, como la serie de razones no puede ser infinita, ha de haber una razón común a todo, que es la ley que rige el universo. Aproximadamente un siglo después, los estoicos entendieron esa ley del universo como el destino, según el cual todo sucede fatalmente y el hombre no puede hacer nada para impedirlo.

Sin embargo, los estoicos también se dedicaron a la pedagogía y a la ética, enseñando cómo se debe obrar, lo que demuestra que creían espontáneamente en la libertad. Como el determinismo cosmológico evidentemente supone que, haga lo que haga, el hombre no puede cambiar el rumbo del destino, según el cual todo sucede fatalmente y el hombre no puede hacer nada para impedirlo.

Sin embargo, los estoicos también se dedicaron a la pedagogía y a la ética, enseñando cómo se debe obrar, lo que demuestra que creían espontáneamente en la libertad. Como el determinismo cosmológico evidentemente supone que, haga lo que haga, el hombre no puede cambiar el rumbo del destino, los estoicos crearon un ideal de vida. Según ellos, el sabio era el que, consciente de que la felicidad exterior está en manos del destino, asegurara su paz interior, haciéndose insensible al sufrimiento que el destino le pudiera reparar.

Con este planteamiento se comienza a dar la distinción entre la libertad interior, que podemos controlar, y el mundo exterior que no depende de nosotros.

El determinismo teológico: la predestinación

Al problema de la libertad  humana en el terreno teológico tuvo sus más importantes aportes con la Reforma protestante y con la réplica de la Contrarreforma católica, posterior al Concilio de Trento (1545-1563). La posición religiosa había sido la siguiente: si Dios lo sabe todo, será porque Él mismo ha determinado todas las cosas según su criterio y, si es causa de todo, también lo será de las acciones humanas. Entonces, ¿por qué suponer a las personas responsables de sus actos y hablar de pecado, arrepentimiento, perdón y salvación?

Los reformadores protestantes insistieron en que el ser humano carece de libre albedrío y está predeterminado. En cambio, los teólogos católicos intentaron contrarrestar el determinismo diciendo que Dios y el hombre son conjuntamente los autores de los actos humanos.

El determinismo científico

El determinismo científico consiste en explicar la causa de la conducta humana desde alguna determinada ciencia. Esta postura constituye un reduccionismo porque reduce la complejidad y riqueza de las dimensiones humanas a una sola. A continuación podemos ver algunos ejemplos de determinismos científicos:


El condicionamiento

El determinismo, aunque cuenta con argumentos válidos, no explica por qué tenemos la convicción de ser libres, ni justifica por qué nos hacemos responsables de nuestros actos, ni mucho menos da una respuesta a la pregunta sobre por qué existen la moral, el derecho, la religión y la política. Frente a las debilidades de la postura determinista, podemos buscar respuestas en la noción de condicionamiento.

En primer lugar, la acción humana no es mecánica, es decir, no funciona a partir de un esquema estimulo-respuesta, como sucede con los animales. El ser humano presenta una variedad de comportamientos que sobrepasa la previsión, de tal manera que, por bien que conozcamos a alguien, jamás podremos saber exactamente cómo se va a comportar en una situación determinada.

En segundo lugar, aunque nos sintamos seres libres, es evidente que nuestra libertad no es limitada: no elegimos en cada situación entre todas las posibilidades sino solo entre una porción de ellas. Esto nos lleva a pensar que nuestra libertad está condicionada por muchos aspectos: nuestra dotación genética, la sociedad en la que vivimos, la educación que recibimos, la situación económica y la política en la que estamos inmersos, etc.

Estar condicionado es distinto a estar determinado. Estar condicionado significa que no se tiene una libertad absoluta pero que se conserva la libertad suficiente como para saberse responsable de los propios actos. En cambio, estar determinado niega completamente la posibilidad de que exista la libertad. Entonces, el condicionamiento supone que nuestra libertad tiene unos límites pero que de ninguna manera nos impide tomar decisiones. 

Libertad y responsabilidad

Según lo que hemos visto, nuestra libertad está condicionada por muchos factores y ha de elegir, mediante la inteligencia, entre un mundo de posibilidades que se le presenta constantemente. Tiene que deliberar entre los medios más oportunos que se propone y, aunque condicionada, su voluntad es libre de elegir. Ahora bien, es de vital importancia concebir la noción de libertad siempre en relación con la de responsabilidad. Porque somos libres, asumimos una cierta responsabilidad.

En términos generales, la responsabilidad es la capacidad de dar razón de nuestras acciones. Precisamente como escogemos entre una gran variedad de opciones antes de actuar, debemos ser capaces de responder a la pregunta sobre por qué hemos elegido una u otra posibilidad.

La noción de responsabilidad no puede entenderse sólo en una dimensión personal sino también en una colectiva. El hombre, al poder actuar libremente en el mundo y, por lo tanto, al poder transformarlo, debe hacerse cargo de sus acciones. Esto significa que, al gozar de una libertad, adquiere un compromiso pues cada decisión que toma implica al resto de la humanidad.

Sin embargo, nuestra responsabilidad no se reduce solo a esto, sino que se extiende también a la capacidad de responder de las personas con las que nos relacionamos y de las que se encuentran en situación de necesidad, puesto que nos es posible ponernos en su lugar. No nos podemos desentender de los demás porque, como vivimos en sociedad, solo con ellos es posible realizar plenamente nuestra vida.

No podemos huir de nuestras responsabilidades personales puesto que puede perjudicar no solo nuestra vida sino también la de los demás. No debemos abandonar nuestras responsabilidades porque eso significa renunciar a vivir una vida auténticamente personal, por no mencionar los daños que ello nos acarrearía. De hecho, ya los vivimos en gran medida porque es bastante frecuente en nuestra sociedad intentar descargar las responsabilidades personales en otros con tal de no asumirlas nosotros mismos.

Finalmente, la responsabilidad, como factor implícito de nuestra libertad, es la que nos permite diseñar leyes comunes para poder vivir en sociedad sin perjudicarnos. Las personas somos capaces de darnos nuestros propios fines y leyes, capaces de diseñar ideales humanizadores que brotan de una experiencia histórica: la del sufrimiento causado por la esclavitud, la opresión, la explotación de unos seres humanos por parte de otros y por la sumisión a las leyes naturales.

La libertad realmente humana se consigue a través de proyectos de humanización, siempre abiertos, tanto personales como compartidos. Realmente, solo contemplando la noción de responsabilidad es que la libertad humana adquiere una dimensión colectiva.

Bibliografía

Sánchez León, M. C., & Rojas Andrade, G. (2012). Libertad, autonimía y responsabilidad. En M. C. Sánchez León, & G. Rojas Andrade, Pensamiento filosófico 1 (págs. 146-149). Bogotá D.C.: Santillana.


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